miércoles, 1 de octubre de 2008

Los peces muertos

Todavía no alcanzaba con su nariz al borde de la mesa, y ya corría por el pueblo como si fuera el señor de él: las tapias eran para saltarlas, las fuentes para hacer sifón con ellas y empapar a las pobres vacas que atravesaban el pueblo, y los gallineros para robar huevos y correr delante del gallo antes de que diera con el pico en la cabeza. En la taberna estaba proscrito, y no sólo por ser un niño y además agote, lo estaba también por entrar en ella como el rayo y beberse todos los culos de vaso que alcanzaba en su relampagueante paso. Al verle entrar, todos los parroquianos agarraban con fuerza sus bolsas de tabaco, sabedores de que no sería la primera vez que volaban, y casi sin interrupción lanzaban un bastonazo al aire en un vano intento de dar su merecido a aquel pequeño diablo al que todos decían Mediociego.

Pocas eran las ocasiones en que le alcanzaban, pero cuando lo hacían se desquitaban con holgura de las burlas y risotadas que les dedicaba aquél bribón. A base de palo, no dejaban un hueso sin moler, lo llenaban de moratones y el barbero del pueblo, que también había participado del festín, tenía que correr a su casa a por unas hierbas y la cuchilla de sangrados, para devolver al pobre Mediociego al mundo de los vivos.

El nombre le venía de un algo que tenía en los ojos, como una fina tela azulada que hacía que al caer la noche o entrar en un lugar oscuro, perdiera la poca visión que tenía, quedándose como ciego. No recordaba haber visto mejor nunca, por lo que hasta cierto punto vivía como acostumbrado a ello. A fin de cuentas pertenecía a una raza maldita y ese, seguramente, era el motivo de su mal.

La parroquia de Saint-Félix-d'Aucun era su lugar preferido para ocultarse de sus perseguidores -me acojo a sagrado como los bandidos, pensaba-. Cuando entraba en ella, corriendo antes bajo los extraños y obscenos gestos de los canecillos, pasaba a recordar mentalmente la lección que la experiencia de tantas visitas a aquél refugio le había enseñado:

Dos pasos hacia dentro.

Tres escalones.

Un paso.

La zona de sillas de los vecinos no propietarios.

Izquierda y tres pasos hasta nuestra pila bautismal, la de los agotes.

Derecha.

Unos siete pasos hasta dar con mi escondite, tras la pila bautismal de los vecinos.

Aquél era el lugar en el que mejor se sentía de todos lo que conocía. Era fresco, silencioso y, fuera de los momentos de oficio, solitario. Solía pasar el rato tumbado en el suelo, dando patadas al aire o al pie de la pila. Cuando se aburría, acercaba su mano y el rostro a aquella, y olisqueaba con cierto placer la humedad de la piedra tallada, a la vez que recorría con sus manos todo el adorno que alguien, hace tiempo, labró en ella.

Todavía no alcanzaba con su nariz mas allá de las figuras que olfateaba, pero para él, después de pensar mucho en ello, lo que había en el interior de la pila no era ningún misterio. Dentro había agua, y habiendo agua seguro que también habían peces, hermosos y de muchos colores por ser de la parroquia. No hacía falta más que entender lo que sus dedos veían en lo labrado en el rededor de la pila, para saber que aquellos peces estaban ahí para algo, y él conocía el porqué: cada vez que las aguas bautismales caían sobre ellos, despertaban de su letargo removiendo el agua hasta reflejar en forma de imágenes lo que iba a ser la vida del recién nacido.

Estaba seguro de que en muchos casos, aquellas premoniciones eran parecidas a lo que narraban las imagenes que recorría con sus dedos, y por eso alguien las había dejado marcada ahí: él mismo se soñaba de mayor conociendo los secretos de la piedra que trabajaba; saliendo de caza a caballo, acompañado de sus perros; y celebrando animado un festín en el pueblo, hasta que con el caer de la noche se desposara con quién iba a ser la mujer de su vida. ¿A caso no lo había visto así?.

No lo recordaba, pero seguramente su mala vista tampoco le hubiera permitido ver si en ese estanque -o mejor dicho, en el que pertenecía a los de su estirpe-, los peces habían hecho esta o aquella figura, brillando con mil vivos colores; si habían saltado intentando mordisquear su pequeña nariz; si bucearon hasta lo más profundo de aquellas aguas, o, simplemente no hicieron nada, pues flotaban muertos en su superficie.



13 comentarios:

fab dijo...

Me ha encantado la narración, y sobre todo, me ha parecido genial el reportaje fotográfico. Algunas de las figuras son preciosas. Me imagino que son todas las imágenes de la pila bautismal de San Félix.

No conocía la historia de los agotes y tus notas me han servido para buscar más datos y enterarme un poco de la realidad y tradición de ese pueblo poco conocido. Por lo que he visto, hay toda una historia oculta, de marginación y aislamiento, enormemente atractiva.

Lo dicho, gracias por tus historias.

Salud.

Goathemala dijo...

¡Qué belleza de escrito! Es admirable la manera en la que creas un lazo de ternura que nos une a ese chiquillo agote, la forma en la que montas el andamiaje para que nuestra imaginación vea desde arriba. Y haga el resto...

Siendo racional siempre me molestó que se asocie al cristianismo a la cruz, instrumento de tortura (esa elección que se hizo en la Edad Media ya deja una impronta del significado que querían darle al mensaje).

Y siempre me admiró su primer simbolismo, el de las catacumbas: panes, peces, espigas.

Saludos, compañero.

anarkasis dijo...

le discutía Alejandro a Aristóteles que él no hubiera necesitado más conquistas, si hubiera tenido un buen poeta que la cantase.
¡tan pobre pila!, pero tus ojos le han arrancado hasta la última imagen, y la han descrito, como el mayor pozo de los deseos de las mil y una noches
ya no será jamás una pobre pila, por lo menos para mi.

un gran saludo y mis felicitaciones Charles

Freia dijo...

Extraña y hermosa pila bautismal y aún mucho más hermoso el relato que has inventado desde y para ella, aunque tenga una base de realidad.
Gracias Charles, por las imágenes y por el "verbo".
Un abrazo

Charles de Batz dijo...

Gracias Fab, y bienvenido a esta casa. A mi también me parecieron curiosas y hermosas algunas de las figuras que os muestro. En cuanto a lo de los agotes, no es si no otro de los tantos grupos que antiguamente se diferenciaban de las comunidades en las que vivían y de los cuales muchos se han perdido para la memoria.

Es cierto lo que mencionas en cuanto a los simbolismos Gothemala. En cuanto a lo de los peces, mientras lo escribía casi insisto más en ello, pero no creí que valiera la pena.

Si que es pobre la pobre, Anarkasis, pero al verla ahí sola, medio oculta en la penumbra silenciosa de aquella iglesia perdida entre las montañas de la Bigorra, daba qué pensar y fabular.

Yo creo que sí tiene un gramo de realidad, querida Freia, bien escondida en el entramado de la historia. Seguro que ya sábes dónde está.

Muchas gracias por el testimonio de vuestra visita.

Salud

Leodegundia dijo...

En aquellos tiempos existían muchos grupos marginados y por lo que leí sobre los agotes me recuerda a los vaqueiros de alzada a los que se despreciaba y también en las iglesias tenían que ocupar lugares apartados sin mezclarse con los demás.
Muy buen relato y bellísimas las fotos de la pila bautismal en la que parece estar basada la historia.
Buen fin de semana.

Charles de Batz dijo...

El caso de los vaqueiros de alzada debe ser parecido al de los agotes por lo que tengo entendido, querida Leo, aunque si te soy sincero es más bien poco lo que se de ellos. Es un tema pendiente, del que tengo la intención de documentarme pronto, pues la curiosidad esta ya picándome.

Muchas gracias por tu comentario y tu visita.

Salud

Isabel Romana dijo...

Tu relato está lleno de vida y de significado, querido amigo. Tienes el don de poner a tus personajes en pie, darles carne y sangre y presentarlos ante nuestros sentidos como si fueran tan reales y tangibles como el teclado que estamos tocando. Me he sentido tan casi ciega como ese niño y tan deseosa como él de llegar a ver los peces. Un abrazo admirado y enorme.

Charles de Batz dijo...

En cierta manera, querida Isabel, el hacerlo resulta más fácil cuando la idea inicial está inspirada en lo que uno vivió e imaginó en aquél mismo lugar, a lo largo de una tranquila mañana en la que pudimos disfrutar de aquél lugar casi en total soledad.

Muchas gracias por tu visita y tu comentario.

Salud

Medea dijo...

Saludo devuelto! (aunque con cierto retraso)

Estoy más perdía que un caracol en un espejo...

Besotes.

Charles de Batz dijo...

!Dichosos los ojos que te vuelven a leer, Medea!... ¿perdida?, pues encuentrate lo antes posible que los visitantes de tu Fallo echamos en falta tu presencia en el barrio blogero.

Una alegría volver a leerte

Salud

Isabel Romana dijo...

Te espero... Besitos.

Charles de Batz dijo...

Espero estar de vuelta pronto, querida Isabel. Intentaré hacer un hueco para contaros algo. Es este último trimestre del año que tiene más auditorías que días.

Gracias por tu interés

Salud

Geoclock


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