miércoles, 4 de noviembre de 2009

En un día como este... (Intermedio III)

En un día como este, a uno le da siempre por echar mano de los recuerdos, sacudir con brío el saco de la memoria y asomarse al suelo para ver qué es lo que ha caído sobre él. ¿Qué es lo que hay? Mucha cosa, pero ninguna que seguramente no encontraríais vosotros, queridos amigos, si hicierais lo mismo: buenos momentos, encuentros inesperados, sueños cumplidos y otros rotos, y sobre todo la firme voluntad de seguir adelante.

- - - - Hay que estar firmes, siempre firmes- le decía Tellagorri a Zalacaín.

Todavía hay ocasiones en las que uno se encuentra con momentos que está seguro que nunca olvidará. En mi caso este año se han dado afortunadamente en varias ocasiones, y la primera y más importante de todas ellas fue aquél 9 de enero en que nació mi hijo. Imposible que lo olvide, pues ha sido sin duda alguna el momento más lleno de brillo de mi existencia.

Hace unos pocos días volvió a repetirse el milagro, esta vez en la forma de un correo electrónico que me traía algo que llevaba esperando muchos meses con inquietud: las portadas del libro, de ese libro del que llevo hablando mucho tiempo, que tantos dolores de cabeza nos ha dado a sus autores, y que trata de la vida del propietario de la famosa caja Baradelle. Según parece, no será hasta diciembre cuando salga a la calle, pero por lo menos tenemos este pequeño aperitivo para ir haciendo boca.



Y es que si hablo de recuerdos es por algo. En un día como este, tan oscuro y lluvioso como habitúan a ser los de noviembre, uno hace siempre el mismo cálculo: lo mismo hay desde el momento en que nací al día de hoy, que lo que hay desde aquella primera fecha a otra en la que miro que ocurrió. Esa es la futilidad de los tiempos- pienso.

En esta ocasión, dan pocas ganas de profundizar en lo que ocurrió en aquél aciago 1923, y yo, por lo menos, prefiero quedarme con algo más elemental y acorde con lo que realmente formaba parte de la vida cotidiana de aquél momento.

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